“Había que hacerlo a un lado”

Frente al retrato de su padre, Julio César Trujillo brindó testimonio de la persecución contra Salvador, trabajador de la Lanera San Blas quien estaba a punto de ser elegido delegado de sus compañeros cuando fue asesinado por la Triple A.

“Ponce era la mafia”, dijo al tribunal sobre el máximo responsable de la banda paraestatal en Bahía Blanca. “Rodolfo ‘Fito’ Ponce era secretario general de Urgara y la CGT y diputado nacional por el FreJuLi.

 “Había cuatro ramas del peronismo. La Triple A con Ponce a la cabeza. El grupo peronista que los combatía que era la familia Bustos. Había otro movimiento que no estaba con un lado ni con el otro que era el de Ezequiel Crisol. Y otra rama de ferroviarios que era totalmente pacifista. La inteligencia la hacía la Marina. Era un triángulo, al que molestaba lo investigaba la Marina e intervenía Ponce a través de sus matones”, afirmó.

Noches de persecución

Julio recordó que cuando estaba por cumplir siete años, una noche llegó su padre muy agitado y se tiró al piso. “A pesar de tener 33 tenía problemas de salud, mi madre lo llevó a la cama y a mí me encerró en mi habitación, al lado. Lo habían tiroteado en la calle. Había entendido que era en el Colegio Don Bosco a donde yo iba. Luego me dijo que era en la calle Don Bosco y Colón donde había un bar”.

“Otra noche vino gritando ‘Ponce puto, traidor, estos franceses nos van a matar de hambre’. En esa época estaba el Peronazo, muchos historiadores dicen que era el Rodrigazo, pero a veces hay que hacerse cargo de las cosas. Había una inflación muy grande y ellos lo único que pedían era recomposición salarial”.

“Los franceses” eran la familia Lepoutre, dueña de la lanera. “Obviamente no creo que hayan salido de la familia Lepoutre los que hayan apretado el gatillo pero sí de ese señor Ponce, Fito Ponce”.

En su memoria quedó grabado otro ataque en el cual tiraron abajo la puerta de su casa, entraron, le apuntaron con un arma mientras le preguntaban a su madre dónde estaba Salvador. “Si no les decía iba a tener que buscar la palita para juntar mi cabeza del suelo”.

“Venían, allanaban la casa, rompían todo, se llevaban cosas. Tenían diferente armamento, ahí conocí las escopetas recortadas, revólveres chicos, una vez una ametralladora. Ninguno estaba vestido igual, si tenían un pantalón militar de la policía tenían mocasines y una camisa de vestir, no había ninguno que tenga el uniforme completo”, describió.

Los allanamientos continuaron tras el asesinato: “Buscaban panfletos, armas, no sé, maltrataban mucho a mi madre”. Así fue que tuvieron que llevar la escritura de la casa a un estudio de abogados y recién la recuperaron en 2006.

“Lo estaban esperando”

Una noche Salvador dijo que iba a comprar cigarrillos. “Fue nueve y pico, llovía mucho. Como a las 11, mi madre con la hermana de papá fueron a hacer la denuncia en calle Don Bosco al 1700. Le dijeron ‘no se haga problema señora, su marido debe estar de copas o por ahí con alguna dama”.

“A las 8:30 de la mañana, llega a casa una persona del barrio, de apellido Mesanza, diciendo que mi papá había entrado al kiosco, compró sus cigarrillos, él también hizo su compra y salió detrás. En la esquina de casa lo estaban esperando, no ofreció resistencia. Se bajaron dos personas de atrás (de un Fiat 125 color claro) y lo cargaron. Apareció al otro día fallecido”, afirmó Trujillo.

Julio estaba en la calle con sus amigos cuando le avisaron a la madre que debía presentarse en la Comisaría de White. “No sé si como descuido o como trofeo tenían la ropa colgada en la oficina del comisario, toda embarrada y llena de sangre. Mi mamá siempre pensó que le había agarrado un ataque de epilepsia y había quedado en alguna calle. Ahí se dio cuenta de que lo habían asesinado”.

“Señora, ¿usted no lo habrá mandado a matar?”, le preguntó el comisario. “La defenestraron, siempre le pregunté si habían abusado de ella, nunca me dijo nada, pero la trataron mal, entraban y le pegaban”.

Panfletos

“No me ha quedado nadie, lo único que tengo es esto”, respondió Julio consultado si conoció compañeros de su padre que pudiesen dar testimonio. En la mano tenía una carpeta con panfletos que habían sido desparramados por la ciudad después del crimen.

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Los patrones asesinan a otro trabajador

Ante la imposibilidad de frenar la lucha presionando a los delegados, la patronal de la Lanera San Blas hace asesinar a un trabajador para hacer un escarmiento, el compañero Trujillo. Esto es parte de la política de los patrones y el peronismo de arriba que en todo el país asesina trabajadores, delegados y compañeros combativos que no puede asustar ni sobornar. En Bahía son muchas las muertes de obreros, solo en la construcción fueron asesinados el Negrito García de Interamericana, González, Ardiles, Walker y García de Petroquímica.

Uno más pequeño, firmado por el Peronismo de Base, decía:

Tu sangre derramada no será negociada.

Para conservar su imagen de patrones buenos y no por otra cosa, los franceses, la familia Lepoutre, se van y, muy raro, uno de ellos vuelve por un día, dos antes del asesinato. Habla con los capangas máximos y se vuelve a ir.

Julio recibió los papeles de Humberto Gallo, portero de la lanera. El mismo que le comentó que su padre estaba en la fábrica aunque nunca se sabía por dónde entraba ni por dónde salía. “Era señal que lo estaban esperando afuera. Él no iba a negociar ni con la patronal ni con los milicos ni con Ponce, así corriera su sangre”.

Presente

Luego del asesinato de Salvador, su esposa tuvo que salir a trabajar. “Fue difícil, no teníamos para comer. Yo vendía golosinas en la cancha de fútbol y así pudimos seguir. Mi padre siempre quería que tuviera buena educación, tuve la serte de que me dieran una beca en el Don Bosco para que siga estudiando”.

Al tiempo su mamá contrajo matrimonio y “mejoramos un poquito la vida”.

“Mi padre fue lo más grande que tuve. No sé si lo viví bien, no lo pude disfrutar, pienso que era la clase de político que necesitamos hoy. No lo arreglaban con nada, era un excelente hijo, hermano, esposo. Profundos ideales tenía. Salvador Julio Trujillo presente. Nada más”, concluyó.

Las audiencias continuarán este jueves desde las 9 con transmisión online por este sitio.

2 respuestas a ““Había que hacerlo a un lado”

  1. ¡Maravilloso testimonio de una persona que era un niño cuando asesinaron a su padre! Que se haya ocupado de investigar el contexto de lo que sucedió con él a manos de los criminales de la Triple A bahiense comandados por el siniestro “Fito” Ponce habla a las claras de la calidad las enseñanzas recibidas en el hogar de un hombre de lucha coherente con sus principios. ¡Ojalá hubiera más personas como el joven Trujillo!

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  2. Fuertes testimonios muy fuertes quienes vivimos ese tiempo tenemos una cicatriz que aun duele y nos recuerda que no podemos volver a esos tiempos esas tacticas ese dolor. NUNCA MAS

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