“Me extraña que el movimiento obrero no esté imputando a los asesinos”

José Lualdi fue delegado gremial de la UOCRA hasta que, en 1975, se reintegró al Frigorífico CAP Cuatreros. Ante el tribunal oral bahiense brindó detalles de la interna en el gremio de la construcción y la CGT y apuntó a Perón como creador de la banda parapolicial.

El testigo afirmó ante los imputados que “no había ninguna duda en abril de 1974 que esta era la Triple A. No había nadie en el movimiento obrero que no supiera que Ponce era la cabeza visible, que Sañudo era su jefe de tropa y que estos la integraban. Por eso me extraña enormemente que el movimiento obrero no esté hoy de testigo imputando a quienes asesinaron a nuestros compañeros”.

Las próximas audiencias serán los días 25, 26 y 27 de agosto con transmisión en vivo por youtube. Están imputados Raúl Aceituno, Juan Carlos Curzio, Héctor Forcelli y Osvaldo Pallero.

Lualdi ubicó a Aceituno y al “fiaca” Pallero -ex jugador de Sansinena- en la toma de la CAP por parte de la conducción del gremio de la carne en abril de 1974. “Estaba Rodolfo Ponce junto a estos dos, Argibay, Sañudo, el Chacho Pérez y algunos más. Ahí los vi por primera vez haciendo ostentación de armas en esa guardia pretoriana”. Estaban la GTX blanca de la CGT y el Polara verde que patrullaba la ciudad.

“Conocí cómo era el accionar de la UOCRA, cómo se trabajaba desde la intervención encabezada por Cruz para la eliminación de las obras de los zurdos -en terminología de la burocracia sindical peronista- para que no pudieran trabajar”.

En el ámbito de la construcción “había una explosión de trabajo producto de los planes del gobierno peronista” y en la UOCRA se destacaba el crecimiento de la tendencia de la izquierda peronista dirigida por los hermanos Bustos.

“Avisado de esto, Ponce trae desde la cárcel, lo saca de Trelew, a un personaje nefasto que es el Loco Coste. Cruz era un burócrata de poco vuelo y difícilmente podía contener esa combatividad”.

En el marco de la normalización del sindicato, el secretario general Rogelio Papagno llegó a Bahía Blanca a apoyar al candidato del jefe de la Triple A en un acto en la sede gremial. “Hay una purga en la UOCRA y entre los expulsados hay un compañero Giménez. Salimos por un pasillo y ahí estaban de nuevo -con armas largas- Pallero, Aceituno, el Chacho Pérez y otros matones como Argibay, que era el hombre que conducía la tropa sin hablar”.

“A los que sabían que no éramos muy del palo, cuando se muere el general Perón, que se hizo un velorio con cajón y todo en la CGT, una cosa fascista, nos obligan a ser parte de la guardia cada media hora para medirnos en qué andábamos. (…) Estaban todos ellos, salían de URGARA e iban a la CGT”.

El testigo dijo que ‘el Negrito’ García, una de las víctimas de la causa, “tenía arraigo en la juventud y los sectores populares. Se le notaba un liderazgo y cuando venía a la UOCRA la burocracia no le sacaba el ojo”.

“Su cuerpo apareció en Cerri, donde yo vivía, atrás de la Escuela 10. Fue difícil continuar en la UOCRA sin tomar medidas preventivas, sin reunirnos menos o afuera, ir solamente para reclamos puntuales quienes teníamos posiciones críticas a la conducción de Cruz y de Coste”.

Tiempo después, el día de la toma de la UTN por parte de los matones, Lualdi escuchó los gritos de Coste en la UOCRA. Despotricando contra los zurdos salió con sus secuaces hacia el edificio de calle 11 de abril. Lualdi se fue hasta la parada del colectivo de Punta Alta para advertir a uno de sus amigos que estudiaba allí.

Por otro lado, afirmó que “la Triple A tenía alquilado un piso del edificio de Ceballos 222 que fue desalojado un día o dos antes del golpe de Estado de 1976 y era donde se depositaban las armas”.

Violentos por deporte

A Curzio, un hombre popular que salía en las noticias deportivas, lo reconoció como el chofer de “la fiambrera”. De Forcelli dijo que medía “dos metros y hace 50 años no había tanta gente de esa altura”, además era un basquetbolista destacado.

“Los vi haciendo ostentación de armas y tenían una actitud de patrullar la ciudad. Algo que hemos visto cientos y miles de bahienses pero pareciera que solo lo hicimos algunos. (…) Si los mirabas te decían qué mira borrego y si no los mirabas se te paraban al lado”.

Lualdi contó que la banda solía ir a comer al restaurante Víctor, donde se sentaban a la mesa que los dueños compartían con mozos y amigos. Dejaban “los fierros” en el piso o directamente arriba de la mesa.

Una madrugada, esperaba el colectivo en calle Moreno con algunos compañeros cuando “la fiambrera” pasó despacito con los matones mirando. “Dieron la vuelta por Vicente López, volvieron a pasar.  Esos minutos se nos hicieron eternos porque conocíamos el resultado de lo que podía pasar si los irritábamos”. A dos pibes del PST los habían molido a palos, “casi por diversión”, mientras hacían una pintada en una esquina.

“Eran violentos antes de poder ejercer la violencia amparados por lo estatal”, dijo Lualdi y recordó que Forcelli y otros habían intentado romper un acto del Encuentro Nacional de los Argentinos en el Salón de los Deportes. “Los Chisu -ya fallecidos- formaban parte de lo que se conocía como ‘la barra de chocolate’. Operaban en la confitería Biarritz y actuaban en manada contra las jóvenes fundamentalmente”.

Justicia, policía y medios

“Las fuerzas de seguridad de la ciudad de ninguna manera les preguntaban qué estaban haciendo o actuaban. La justicia la administraban Madueño, Sierra, Girotti, que con los compañeros molidos a palos tomaban declaraciones. Si eso hacía la justicia imaginémonos lo que hacía la Bonaerense”, relató.

El dirigente de la Watu Corriente Comunista aseguró que “el papel de los medios de comunicación, de LU2 y de La Nueva Provincia, son vitales en la construcción del ideario del enemigo interno hasta el último día de la democracia. De ninguna manera condenaban la Triple A”.

“Los dos principales referentes del movimiento obrero, Rodolfo Ponce y Albertano Quiroga (UOM) tenían asiduos contactos. Ponce cenaba o almorzaba por lo menos una vez por mes con la señora Diana Julio de Massot y Quiroga se entrevistaba con Vicente Massot”.

Lualdi afirmó que “a Heinrich y Loyola los matan por defender los intereses de los trabajadores. La burocracia es la que ayuda a sacarse de encima el problema a la señora Diana Julio de Massot y sus allegados. Era el rol de intercambio entre la Triple A, la burocracia sindical y la derecha peronista y los medios de comunicación, aunque aparezcan en teoría como antiperonistas”.

Enemigos íntimos

Consultado por el fiscal Pablo Fermento, el testigo explicó que “Ponce y Quiroga eran enemigos íntimos. Quiroga pensaba, con razón, que la secretaría general de la CGT o la conducción de las 62 le correspondían”.

“Quiroga era un nacionalista que creía que a los zurdos había que controlarlos. Ponce, que venía de lo peor de la Democracia Cristiana, Pío XII y demás, creía que a los zurdos, bolches, troskos, bicho colorados o como quieran llamarles había que eliminarlos”.

“Los dos respondían a la Marina. Albertano Quiroga se reunía con los servicios de inteligencia en ‘El rincón de Ramoncito’. Lo saben quienes eran conducción de Municipales o de FOECYT que estaban al lado. Claro, ni Salazar ni Simón van a decir esto que digo yo”.

Agregó que se trata de la derecha peronista: “No es que estuvieron antes y podemos relatarlo. Ayer, en términos políticos, Forcelli y Pallero integraron la conducción del Movimiento Justicialista. Excepto H.I.J.O.S. que los denunció en el acto del Día de la Lealtad, los demás se callaron la boca”.

La mora es por Perón

Destacó que el Consejo Nacional Justicialista del 1 de octubre de 1973 declaró mediante un documento secreto la “guerra total y de eliminación de los agentes marxistas infiltrados en el movimiento”.

“En el movimiento obrero ocurrían estas cosas. Forcelli estuvo a punto de ser el secretario general de Empleados de Comercio si la interna no lo saca de encima. No se puede decir que (Ezequiel) Crisol no sabía lo que ocurría. No se puede decir que Vicente Ferrer no sabía, no se puede decir que Brandan no sabía”, manifestó.

Apuntó que Crisol presentó ante la dirigencia de su gremio al “compañero” Eduardo Emilio Massera, quien integró la primera junta genocida. “La mora ha hecho que muchos de los que tendríamos que imputar por cómplices no estén y muchos de nuestros compañeros hayan muerto y no puedan dar su testimonio”.

Entre las razones de dicha mora, Lualdi mencionó responsabilidades por parte de la justicia pero advirtió que el “el problema más serio es que si se investiga la Triple A a fondo vamos a encontrarnos con el teniente general Juan Domingo Perón”.

*Testimonio correspondiente a la audiencia del 29 de julio.

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