Militancia católica en Villa Nocito

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La ex religiosa Norma Gorriarán declaró esta semana en el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos desde el V Cuerpo de Ejército de Bahía Blanca sobre su trabajo comunitario en Villa Nocito junto a sectores católicos vinculados a la Teología de la Liberación y la represión que comenzaron a sufrir por parte de la patota de la Alianza Anticomunista Argentina.

Estudió el profesorado de matemática en el Instituto Juan XXIII donde tuvo como docente de teología al padre Benito Santechia, pertenecía a la Compañía de María con base en el Colegio La Inmaculada y “movida por lo que fue el Concilio Vaticano II en el ’68, después por la Conferencia de Obispos Latinoamericanos de Medellín nos fuimos a trabajar a una comunidad marginada”.

Contaban con la aprobación del arzobispo bahiense monseñor Germiniano Esorto para transformar una iglesia abandonada en la escuela Nuestra Señora de la Paz en 1971. “El fundamento de ese magisterio era de doble turno, en uno se daba clase y en el otro se trabajaba con la comunidad. Precisamente creo que a mí me ‘condenan’, que debo morir o desaparecer de ese espacio, porque desde la escuela teníamos mayor facilidad para aglutirnar a la gente que desde la unidad básica”, relató el lunes.

1972 transcurrió con normalidad, el ’73 trajo “algunas contradicciones y dificultades” y el 21 de marzo de 1975 Norma y la comunidad educativa sufrieron el primer atentado. “En la madrugada de ese día en que muere también el padre Dorñak”.

Al cura asesinado lo describió como “centroeuropeo, muy parco, no demasiado cercano” que “pertenecía a una comunidad de sacerdotes salecianos muy comprometidos con la Teología de la Liberación y con este compromiso que la iglesia intentaba seguir desde el Concilio II. Santechia, Del Coll, Barreto, Stochetti y Dorñak. Eran esos cinco sacerdotes”.

“Creo que lo mataron precisamente porque su actividad estaba siempre unida a los coros más notables de Bahía que lo tuvieron como su director. Los otros salieron corriendo cuando vieron que le habían puesto una bomba en la casa y el no porque no tenía la malicia de que lo pudieran estar persiguiendo”, opinó Gorriarán.

“La UNS y Villa Nocito fueron como dos campos privilegiados de compromiso de jóvenes que creíamos que el cambio social estaba a la vuelta de la esquina, que estaba muy cerca. Creo que nos acompanó una ingenuidad muy grande y eso fue casi un suicidio”, recordó y agregó que ya en ese momento trabajaba en la reforma de la curricula de la educación de adultos a nivel provincial y no volvió más a Bahía Blanca.

El segundo atentado fue alrededor del 27 de abril de 1975, tres días antes que atacaran al sacerdote José Zamorano en Sánchez Elías destruyendo su vivienda. En otras oportunidades ametrallaron la sede de la escuela y llegaron a torturar a un alumno de apellido Saavedra buscándola. Mencionó una homilía del luego arzobispo Jorge Mayer “donde hace alusión al atentado de marzo y dice que me buscaban a mí, no dice para matarme, dice ‘con fines que es fácil descubrir'”.

Los meses siguientes los pasó en las calles de Buenos Aires, intentando permanecer oculta de sus perseguidores. Intentó dar catequésis en el Bajo Flores y allí fue testigo del secuestro de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics que estaban bajo la responsabilidad del actual papa Jorge Bergoglio con quien Gorriarán tuvo “muchas peleas”. Finalmente se exilió en Colombia, dejó los hábitos, formó su familia y “me olvidé de Argentina y de los rostros de gente que aun más amaba, me costaba recordar el rostro de mi madre”.

Compañeros

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Aula en disputa. Alguna vez el aula magna del Juan XXIII rindió homenaje a Mariano Pujadas, fusilado en Trelew.

Nombró al primer desaparecido bahiense, Daniel Bombara – “lo vi crecer desde su adolescencia hasta su desaparición y muerte”-, y al preceptor del Seminario y militante Carlos “Negro” Rivera con quien convivió en los pasillos del Juan XXIII y aun no logra responderse porqué los genocidas eligieron fraguar el enfrentamiento en que blanquearon su cuerpo en Villa Nocito luego de tenerlo en cautiverio en La Escuelita. “No supe si fue casualidad o lo buscaron y pretendían que nos enteráramos. Me extrana mucho porque no recuerdo que Rivera haya trabajado en Nocito”, reflexionó Gorriarán.

“Recuerdo una manifestación que hicimos cuando el padre Francela, primer rector del Juan XXIII le quiso poner al aula magna ‘La Nueva Provincia’, que al final se lo puso. Me acuerdo de estar en una manifestación en Vieytes frente al Juan con pancartas haciendo un acto de protesta y de haber estado ahí con Rivera. Era Bombara quien desde el cuarto piso volanteaba para no ponerle al aula ese nombre”.

También destacó “a una persona con la que tengo una deuda, Coca Pablo, trabajadora social de la escuela desaparecida en 1976. Hay pocos registros sobre ella porque nadie se preocupó por buscarlos. Me produce angustia pensar que ni hemos podido rescatar los restos de Coca que era de Río Colorado”.

Nocito sin la Triple A

El juez Jorge Ferro preguntó quiénes la buscaban y Norma comentó que “se decía de la Triple A. Personas de civil y armadas. Torturaron brutalmente también a un señor chileno que estaba viviendo en la escuela porque se había quemado su casa”.

“Las monjas, antes del atentado nos trajeron a vivir a La Inmaculada, en unos cuartitos donde había miles de murciélagos y les tenía pánico. Siempre decía que prefería a (el diputado peronista y jefe de la CGT y la Triple A Rodolfo) Ponce y los matones que a los murciélagos”.

Dijo que Villa Nocito fue escenario privilegiado de su historia y su formación pero “nunca volví porque aun me sacude el miedo. Sé que no tiene nada que ver, que es irracional pero no volví por eso motivo. (…) Aunque estaba lejos sentí la muerte ahí. Sentí que me querían matar”.

Antes de dejar la ciudad, luego de dar su testimonio en el juicio, Norma volvió a Villa Nocito y lo contó en esta entrevista con FM De la Calle donde también relata  lo vivido junto a Yorio y Jalics antes del secuestro que salpica al papa Francisco:http://www.ivoox.com/norma-gorriaran-14-8-13_md_2284103_1.mp3″ Ir a descargar

Imagen portada: Mural de los Pueblos Latinoamericanos de Adolfo Pérez Esquivelemplazado en la Catedral de Riobamba, Ecuador.

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