Sin audiencias hasta febrero

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Desde el lunes regirá la feria judicial en el país y con esta el Juicio Ejército III extenderá su cuarto intermedio hasta el lunes 6 de febrero a las 15. Las testimoniales continuarán el martes 7 y el miércoles 8 desde la mañana en Colón 80.

El debate comenzó el 11 de octubre. Es el cuarto juicio por crímenes de lesa humanidad en Bahía Blanca y el tercer tramo de la causa Ejército con 34 imputados y más de un centenar de víctimas. Los acusados pertenecieron a distintos organismos del V Cuerpo y fuerzas policiales y penitenciarias subordinas que desplegaron el plan genocida en las Subzonas 51 y 52.

Durante las sesiones del 20 y 21 de diciembre declararon Gustavo Carlson, Jorge Arrieta, Carlos Galván, Antonio Teixido y Luis Genga. Los jueces ratificaron la prisión domiciliaria del represor Osvaldo Floridia porque no encontraron “prueba suficiente” en los testimonios que lo ubicaron disfrutando una tarde familiar en el balneario El Cóndor aunque implementarán “un método de control electrónico”.

“Lo peor se dio”

Gustavo Adolfo Carlson es sobrino de Ángel Arrieta con quien compartía la militancia en el Partido Comunista. Aseguró que su madre le contó el 20 de agosto de 1976 que su tío había sido secuestrado y que al día siguiente empezaron a buscarlo.

“Nos agarró un miedo a lo peor, justamente lo peor se dio. Como teníamos conocimiento de otras desapariciones en el barrio, de antiguos compañeros míos de softball, como los hermanos Riganti, el año anterior se le había colocado una bomba al sacerdote José Zamorano, teníamos un miedo terrible, no sabíamos cómo actuar, no recurrimos prácticamente a nadie”.

Carlson tenía 27 años y había sido recientemente presidente de un centro de estudiantes en Buenos Aires. “Creí que el que seguía era yo”, afirmó. Recordó que Ángel “sentía que lo estaban persiguiendo” y que cuando lo encontraron muerto se bloqueó “de una manera tal que vivía aterrorizado, no dormía abajo de la cama porque no servía para nada”.

Arrieta era albañil en la obra del complejo Chocón-Cerro Colorado cuando estalló el Choconazo del cual fue partícipe junto a su amigo y camarada Antonio Alac. En Bahía “había tenido enfrentamientos con gente de la UOCRA. En una asamblea, creo que en el 75, había tenido un cruce con dirigentes que estaban en una patota sindical y había tenido unos agravios en los cuales lo trataron de cualquier cosa, muy enfrentado con un sector que se llamaba JSP, Juventud Sindical Peronista, que era el grupo de choque de la burocracia sindical”.

El testigo dijo que Arrieta “tenía no sé si dos tiros y signos de haber sido torturado. Una amiga de mi madre nos había expresado que ella había estado secuestrada y le pareció haber escuchado la voz de mi tío, lo conocía porque él cantaba y la chica tenía una actuación artística y se veían muy de vez en cuando”.

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“El 20 de agosto del 76 me avisaron de que mi hermano… había sido secuestrado. Habían ido a la casa de calle Líbano, le habían pateado la puerta, se puso atrás y le pegaron y lo llevaron”, dijo Jorge Arrieta sobre su hermano Ángel. Inmediatamente avisó a otro hermano suboficial de la marina. “Me vino con el cuento de que él integraba una célula, que se habían peleado entre ellos, no se preocupó mucho en buscarlo”.

Cinco días después, un amigo que trabajaba en la morgue le contó que allí estaba el cuerpo del cantor. Fue con el hermano militar a reconocerlo, había aparecido en el barrio El Saladero. Con el comisario de Ing. White fueron a darle la noticia a la pareja de Ángel. “Después fui a Bonacorsi, contraté el servicio para que lo llevaran al cementerio, le pedí que no hicieran velorio porque no sabía lo que pasaba, tenía miedo”.

Jorge comentó que solía aconsejarle a Ángel que tuviera cuidado: “Vos te hacés ver mucho. Era del Partido Comunista. Cuando charlaba con alguno lo saludaba con la mano izquierda como diciendo esta es la que vale. Se hacía notar mucho y no eran tiempos para eso, preveíamos un final similar”.

Los canarios de Laurella

El periodista Carlos Galván, en su función de corresponsal del Diario Río Negro en la capital neuquina, conoció a los imputados Oscar Reinhold, Osvaldo Laurella Crippa y Antonio Camarelli.

Al primero se lo presentó el general Horacio Liendo como jefe de Inteligencia de la VI Brigada de Infantería de Montaña el 24 de marzo de 1976. A Laurella lo encontró perdido por el canto de canarios afinados con cannabis y a Camarelli encubriendo sus crímenes en la comisaría de Cipolletti.

El testigo recordó que el día del golpe, Liendo comunicó a representantes de los medios de la región el derrocamiento de Estela Martínez, la ocupación del poder por parte de los jefes de las fuerzas armadas y que solo podrían publicar informaciones oficiales.

La censura previa de la VI Brigada fue descartada a pedido del director del Rio Negro por la demora que imprimiría a la salida del diario. “Liendo dijo que estaba dispuesto si (Julio) Rajneri le daba su palabra de caballero para que no presenten las pruebas si no publicaban otra cosa que no fuera lo que difundiera el gobierno militar, es decir, que ejerciera la autocensura. Rajneri lo aceptó sin dudar”.

Galván aseguró que tras conocer sobre los primeros secuestros pidió hablar con el titular de la Comisaría de Cipolletti Antonio Camarelli y un policía lo atendió “de forma autoritaria”. “Esta persona, que tampoco negó ser Camarelli, me dijo que no tenía conocimiento de ningún caso de captura de personas de manera legal o ilegal. Se paró, dio por terminada la conversación y me señaló la puerta”.

Con Laurella Crippa tuvo “más trato” y un “entredicho” que le costó abandonar Neuquén. El jefe de la Policía Federal de aquella provincia protagonizaba una campaña -“ridícula o risible”- contra el uso de marihuana. Encabezaba allanamientos, secuestros de plantas y detenciones. Fueron una docena de supuestos fumones que incluía a una señora de ochenta y trabajadores petroleros.

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Osvaldo Laurella Crippa.

A Galván no le cerraba el perfil de los usuarios. Un subcomisario lo mandó a fotografiar evidencias a un forraje y se encontró con grandes bolsas “con unos cartones clavados a un palito y metidos sobre las semillas que decían ‘cannabis indica'”. Laurella Crippa “había detenido a bastante gente, había hecho espectaculares capturas de plantas en jardines de casas familiares que daban a la vereda”.

“Pregunté para qué vendían esas semillas y me contaron que los criadores de canarios lo consumían para sus pájaros, para que tengan cantos más bonitos. La gente que estaba presa, me indicaron que en todos los casos criaban canarios. Publiqué una nota sobre la falta de profesionalidad de quien estaba al frente de la Policía”.

En un posterior encuentro con Laurella Crippa -quien tenía “rechazo a dialogar con periodistas”- Galván no solo le preguntó por los canarios sino también por algunas personas que se encontraban desaparecidas. “Estaba muy enojado, consideró que lo mío era una agresión que pretendía socavar la autoridad, dignidad y moralidad y ética de las fuerzas armadas, directamente me echó”.

Más testimonios desde el sur

Antonio Teixido declaró que el 2 de septiembre de 1976 se presentó en su casa un grupo de encapuchados con ostentación de armas. “No abrí, no intentaron entrar. Se retiraron y consultando con vecinos, amigos, me sugirieron que serían autoridades del Ejército”. Concurrió al comando de la Brigada de Infantería de Neuquén donde el mayor Reinhold -jefe de Inteligencia- “fue muy irónico, me dijo por qué no había abierto, le dije que había que cuidarse de los presuntos subversivos y el hecho de llegar con uniforme a mi casa no me ofrecía garantías”.

“Llamó a alguien, me sacaron del despacho, atravesamos el patio del Comando, me pusieron en un Falcon, encapuchado en el piso del auto y fuimos a lo que se conoció después como La Escuelita. Yo estuve un año, cuatro meses y unos cuantos días preso y cuando salí en libertad el 25 de diciembre del 77 en Rawson me recomendaron que me presentara en el Comando. Allí lo volví a ver para preguntarle si me quedaba en el país o qué hacía, me dijo que sí, esa fue la última vez que lo vi”.

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Antonio Camarelli.

Desde Roca, Luis Alfredo Genga contó que en 1976 era director de la Escuela 50 de Cipolletti aunque se encontraba con licencia gremial como dirigente de UNTER. Días después del golpe, el Ejército y la policía allanaron el establecimiento. Con el cese de las actividades sindicales ordenado por los genocidas se reintegró a su trabajo y respondió a una citación a la comisaría. Lo recibieron el imputado Antonio Camarelli y otras personas que lo interrogaron sobre su tarea en UNTER y CTERA.

“Había un grabador funcionando y evidentemente se tomó nota de todo lo que se fue diciendo. Porque cuando en septiembre del 76, junto a mi compañera, mi cuñada y otras personas más, fuimos secuestrados en Cipolletti, las coordenadas del interrogatorio aparecen en el que se realizaba en La Escuelita, que esa vez sí fue brutal”, afirmó.

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